Prensa cubana denuncia mala calidad del almuerzo escolar

Las bandejas de antes, las de nuestras primarias, no lucían así de brillantes, y las cucharas parecían de plastilina. Las sillas eran de hierro y madera, de esas que si te descuidabas descosían los dobladillos de las sayas; pero el almuerzo de aquel acérrimo periodo especial era muy parecido al de estos tiempos.

Es la una de la tarde del 16 de febrero en el seminternado (SI) Leopoldo Febles, ubicado en el reparto Ceferino Fernández (Capó). El bullicio de los muchachos llena el ámbito del comedor. Unos pocos consumen toda la comida, tal vez mejor que las de sus casas; algunos juegan con los alimentos y otros permanecen sentados por disciplina, sin probar bocado. Al final, la mayoría entrega su almuerzo casi íntegro.

El menú consistió en arroz amarillo con subproductos. Los trabajadores y estudiantes optaron por llamarlo arroz pintado, por su color llamativo y la carencia del supuesto subproducto. Hubo además tomate, mermelada y medio pan.

“No vino plato fuerte ni potaje, ¿qué almuerzo es ese? Además de que viene malo es carísimo. Uno que es adulto bien puede pasarse el día en blanco; ¿pero los niños qué?”. (Naivy del Llano del Llano, maestra).

“El arroz tiene el sabor un poquito malo, igual que la mermelada y el tomate; por eso lo único que me voy a llevar es el pan”.  (Leidy E. Ramírez Martínez, cuarto grado).

“A mí me traen el almuerzo porque no me gusta el que dan aquí. Solo voy al comedor algunas veces, cuando hay frijoles”. (Mélani Pérez Miló, tercer grado).

Tras un sondeo de opinión por varios seminternados en horario del mediodía, nuestro equipo de reporteros visitó la Cocina Central P1 y conversó con su administrador Miguel Labrador Labrador.

“Hoy solo contábamos con unos rabitos de puerco y algunos pellejos con los cuales tratamos de inventar un arroz amarillo. Cocinamos en unos tachos grandes, y puede que algunas escuelas cogieran más carne que otras, incluso esas favorecidas, no tuvieron lo suficiente”.

 

Carencia de plato fuerte

“Venegas nos manda los surtidos diariamente y eso es lo que había.  Hace años teníamos la carne de varios días almacenada y podíamos planificarnos. Hoy viernes, por ejemplo, no sabemos lo que vamos a ofertar el lunes”.

En el municipio Pinar del Río existen 17 seminternados. El P1 abastece a siete de ellos, para un total de 4 206 alumnos y 853 trabajadores. Los 10 centros restantes disponen de cocinas propias.

Estos últimos trabajan para un grupo más reducido de comensales, por lo que son más propicias las condiciones para la elaboración, no obstante, persisten deficiencias en cuanto a variedad y calidad de la materia prima.

El menú de la escuela Frank País entre los días 12 y 15 de febrero incluyó principalmente picadillo de soya y chorizo, chícharo, arroz y calabaza. El miércoles 14 ni siquiera se sirvió plato fuerte.

Eduardo Elisa Nápoles, administrador de este centro, dijo:

“El plato fuerte nos está golpeando un poco. Ahora tenemos solo embutidos y huevo deshidratado, que los niños rechazan porque es una cosa plástica, como engomada. Desde el año pasado no entran ni gallina ni huevo natural”.

Nápoles explicó que el suministro de gas es insuficiente para el procesamiento de frutas y vegetales, cuando entran en mayor cuantía al centro, y que los sazones de que disponen son escasos (polvo sazonador exclusivamente).

A pesar de sus ánimos para gestionar productos más atractivos para los niños, él manifiesta que todos los contratos con los abastecedores se hacen a través de Educación Municipal. “Yo compro solo lo que ellos determinan”.

Ernesto Cala Peguero, jefe del departamento de abastecimiento de la Dirección Municipal de Educación, nos comentó los múltiples mecanismos que rigen la planificación de los almuerzos.

“Funciona de la siguiente forma: nosotros hacemos la demanda a la Dirección Provincial de Educación por medio de una declaración jurada, documento creado a partir de las cifras de alumnos y trabajadores que nos den las escuelas. Luego Economía y Planificación Provincial elabora el plan mensual”.

Siguiendo la ruta de la cadena de suministros, constatamos que el Ministerio de Economía y Planificación determina los productos que se consumirán en la base.

Por normativa del mismo, los seminternados deben recibir solo carne en conserva o producto cárnico, embutidos, huevo, arroz, frijoles, harina de trigo, aceite, azúcar blanca, azúcar cruda y pan. Ni pescado, ni pollo, ni carne de cerdo, ni res, aparecen en los papeles.

“Ni siquiera la gallina les toca”, explicó Maylín Morales Delgado, subdirectora de agroindustria de la Dirección Provincial de Economía y Planificación, “todos los meses le ponemos un poquito a Educación para reforzar el aporte de proteínas y cubrir en parte las ofertas de la Empresa Cárnica. Además, incorporamos a la entrega pasta de croqueta y vísceras: pellejo de puerco, costillas, hígado y corazón”. “Los productos de los que disponemos para estas escuelas son mortadela, mortadela roja, jamonada, masa de chorizo, masa de hamburguesa y masa de croqueta. Generalmente entregamos algunas vísceras para los potajes. No se trata de una dieta diferenciada, es semejante a la de los comedores obreros.

“Los SI no reciben picadillo MDM, pollo, carne de res o salchicha, que son otros productos con los que contamos”, sostuvo Hernán Peraza Dib, director técnico productivo de la Empresa Cárnica de la provincia.

“El P1 recibe entre 5 000 y 7 000 huevos de forma mensual (que a lo sumo alcanzan para dos comidas), también suministramos 140 kilogramos de huevo deshidratado. Este segundo es importado y su entrega a la provincia es demorada en ocasiones”, refirió Gladys Aguado Valdés, directora de la Empresa Avícola.

“El huevo es un producto de balance nacional y por tanto no podemos decidir sobre sus destinos”, agregó.

A decir de la directiva, la frecuencia con que se surte gallina a Educación se ve afectada,  pues las aves deben llevarse a La Habana para ser sacrificadas y luego se traen de vuelta para el consumo social.

En la infancia la comida programada se convierte en un ejercicio tedioso, si a ello le sumamos la monotonía de lo que se percibe en la bandeja, el niño opta por rechazar el alimento. “A veces pasa que tengo un plan de masa de croqueta y Venegas no puede elaborarlo. Entonces optan por convertir la cifra a otro cárnico que se repite por días. Cumplen, pero no con lo solicitado. Lo que más tenemos es el picadillo y la jamonada”, expone Cala Peguero.

Las ofertas que se gestan en Economía y Planificación, en las direcciones municipal y provincial de Educación y en las oficinas de las empresas abas-tecedoras, no se consumen con placer en los comedores, son procesos de contratación pensados con escasa sensibilidad y en ocasiones con poca ciencia.

 

Dieta basada en subproductos

…Y el arroz con semillas y mal olor, los chícharos y frijoles con granos duros, la escasez de sazones, grasa, vegetales y frutas…

“A los niños no les gusta lo que cocinamos aquí. Preparamos el mismo picadillo de soya que va a las carnicerías, no tenemos una alimentación diferenciada (…) La jamonada es de muy mala calidad, cuando no está bien horneada, al picarla en ruedas se desmorona y si se fríe es más harina de pan que carne”, describió a nuestro equipo de prensa Miguel Labrador Labrador, administrador de la Cocina Central.

“Considero que este almuerzo que envía el P1 a los seminternados es una falta de respeto. Ese arroz con muchas ‘virutas’ prietas y esos chícharos que no se ablandan los recibimos en nuestras casas, pero aquí debemos estar conscientes de que se cocina para niños. Nos dan revoltillo sin aceite. A veces viene un picadillito de carne que tiene un olor desagradable y no hay quien se lo coma.

“Las bandejas van volcadas hacia los tanques diariamente”, asegura Mireya Martínez Bravo, maestra de cuarto B de la escuela Leopoldo Febles.

 

Consumo deficiente

En su informe de vigilancia alimentaria correspondiente al cuarto trimestre del 2017, el Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología constató que:

“El consumo de energía e hidratos de carbono en estas instituciones fue adecuado, todo esto teniendo en cuenta que la oferta fue mayor que lo recomendado; en tanto el consumo de grasa y proteínas fue desfavorable. Se apreció un consumo deficiente de hierro, ácido fólico y otros micronutrientes, como la vitamina C.

“En la contribución individual de los alimentos a la ingesta de energía y nutrientes se observó que no hay una distribución adecuada para el aporte de micronutrientes esenciales para el organismo.

“Se vio afectado el consumo de frutas, vegetales y viandas, así como el de carne, debido a ello, el aporte de hierro hemínico fue pobre, solo una pequeña cantidad de carne de res y de subproducto, que no es suficiente para satisfacer las necesidades nutricionales”, concluyó la investigación.

A decir de Magalys Cabrera Cuevas, técnica en gestión comercial de Acopio, este organismo prevé el suministro de 9,5 libras per cápita de viandas al mes a los SI. En cambio, la entrega de frutas y vegetales es adicional y depende de las producciones del sistema de la Agricultura que son bastante pobres.

El consumo social favorece a varias entidades como Salud, los Sistemas de Alimentación a la Familia, los círculos infantiles y en cuarta instancia a los seminternados. Por tanto, si la capacidad de frutas y vegetales en la provincia es deficiente, nunca llegarán a las mesas de las primarias con la calidad y en la cantidad requeridas.

Supongamos que la Cárnica no pudo hacer picadillo de carne, porque los cerdos del matadero no alcanzaron la talla comercial adecuada, debido a que no engulleron el suficiente pienso o cebada, ya que el producto de la tierra fue ínfimo y no alcanzó para la alimentación animal.

¿Acaso esto justifica que el 14 de febrero en el “Frank País” solo se consumiera arroz, chícharos y calabaza?

Durante 10 meses del año los pequeños pasan más tiempo en las escuelas que en el hogar, al menos en los horarios de actividad diurna, y una mala nutrición puede incidir en su crecimiento y desarrollo.

Por su actividad física intensa, los niños deben tener una alimentación rica en energía y realizar seis frecuencias de comidas al día, acorde con la edad, sexo y talla; equilibradas en cuanto a color, sabor y consistencia.

Evitar comidas reduce la calidad de la energía física y mental disponible para el aprendizaje. Si el nutriente no le llega en el tiempo adecuado al organismo, este empieza a tomar de las reservas. A largo plazo se desarrolla una predisposición a padecimientos como la diabetes y la hipertensión, entre otras enfermedades crónicas.

Los estudios de oferta y consumo en comedores colectivos de estudiantes ya existen. Nos preguntamos qué se hace una vez socializados sus resultados. Nos cuestionamos por qué no se decide a nivel nacional contratar productos como carne de cerdo, pollo y pescado; ¿o acaso las empresas de la provincia, entre ellas la Avícola, el Porcino, Pesquera Industrial de La Coloma y Pescario no pueden respaldar una contribución de este tipo a las escuelas primarias?

“Nosotros tenemos un plan de surtidos que responde a un consumo y de ahí no podemos pasarnos, porque sería un desvío de recursos. Para un cambio, habría que plantearlo al Ministerio de Economía, de ser aprobado, se podrían diversificar los productos”, manifestó el directivo de la Cárnica Hernán Peraza Dib.

“Nuestra Empresa, por ejemplo, no tiene limitaciones en cuanto al nivel productivo para satisfacer una demanda de Educación, las limitaciones dependen de normativas que impiden el consumo de los conformados industriales por parte de los niños en las escuelas; aun cuando en sus casas los disfrutan sin problemas”, afirmó Guillermo Rodríguez Melgarejo, director general de Pescario.

Una cocina central que trabaja para 5 000 comensales y apenas dispone de especias, una dieta escolar que no se diferencia de la ofertada en comedores obreros y un menú dictado por un ministerio a 148 kilómetros de distancia, atentan desde hace años contra la calidad de los almuerzos.

La escasez es un hecho, la incapacidad de los sistemas productivos está comprobada, pero el tema debería permanecer en las agendas de decisores con el fin de lograr un consumo agradable y evitar el desperdicio evidente en los centros de estudio.

Comentários no Facebook