Rosana Vargas, la emprendedora cubana que quiere internacionalizarse

Rosana Vargas es una ingeniera civil de formación que ha encontrado en la orfebrería el nicho perfecto para abrir una carrera en el incipiente mundo de la muda en Cuba, un pequeño que negocio que espera seguir alimentando, hasta llevarlo al mercado internacional.

En un país en el que la industria de la moda anda todavía en pañales, no deja de sorprender cómo se ha desarrollado el proyecto artesanal de Rosana Vargas, quien por cinco años ha aprovechado la apertura del gobierno cubano para iniciativas de negocios privados y levanta su línea de orfebrería “Rox 950”.

Tras décadas de una política laboral enfocada mayoritariamente hacia el empleo en el sector estatal, el gobierno cubano abrió hace algunos años el abanico de posibilidades para el emprendimiento privado, y según las estadísticas más recientes, cerca de medio millón de personas han aprovechado la oportunidad para encarrilar sus negocios, entre ellos Rosana.

Esas iniciativas de emprendimiento en Cuba tienen como destino mercado interno o el creciente turismo internacional que llega al país año tras año, una realidad que Rosana sueña con superar, luego de que, como ella dice, la orfebrería a su puerta y porque la andaba buscando.

“Soy como la excepción de la regla. Me sentía más cerca de las ciencias, era buena con los cálculos e intenté ser ingeniera. Sin embargo, todo eso me sirvió después para trazar mi estilo, en el que influyó mucho todo lo que aprendí de geometría o arquitectura”, apunta la artesana, quien entró al mundo de la artesanía comercial tras ver un astrolabio en el Convento de San Francisco de Asís de La Habana, un objeto que la tentó a entrar a un taller para aprender el oficio que a la larga le permitió crear un estilo personal y lanzar su propia marca.

La artista, que se inspira en la música, busca que Rox 950 destile garantía de calidad y de estilo de vida, mediante piezas que fusionan la plata –porque es luz, es menos ostentosa y es lo más legalmente posible de comercializar, dice- con distintas piedras semipreciosas.

El Nuevo Día conversó con ella en su taller de la Avenida Línea en La Habana, donde abundó sobre sus creaciones y sus experiencias como emprendedora.

¿Cómo ha sido ese trayecto hacia la consolidación de una marca en medio de circunstancias tan particulares que, en términos de negocio, existen en Cuba?  

“Ha sido posible gracias a todo el apoyo que hemos tenido de varias instituciones con las que trabajamos, a quienes han confiado en mí como persona, y en Rox 950 como proyecto, y de alguna manera han colaborado, incluso económicamente. En Cuba, como en cualquier país del mundo es muy complejo emprender, porque eso lleva mucho amor. Ninguna circunstancia es ideal. Ninguna situación en ningún país lo es. Las marcas son amen y ajeno a todo, y siempre es difícil crear un proyecto, llevarlo hacia delante, ya sea un restaurante, o esté relacionado con la moda. Al final tienes que lidiar con los sistemas económicos, de un tipo o de otro, con la competencia, y con muchas otras cosas. Quizá haber estado cerrados tanto tiempo sea una ventaja para establecerte mejor dentro del país, una oportunidad, pero la posibilidad de crecer siempre existe. Solo hay que buscar la mejor manera, la más lógica y viable, una guía, porque con las ganas de hacer, el empeño y el amor, puedes lograrlo. No puedes rendirte, tiene que ir hacia delante, hacia atrás, y tropezar, porque eso siempre va a pasar en Cuba, en Japón, en New York, en cualquier lugar del mundo”.

¿En qué fase transita ahora mismo una propuesta tan ambiciosa como esta?

“Aunque lo parezca, todavía no es negocio totalmente lucrativo. Está creciendo, aun es niño que hay que darle, darle y darle. Es un proyecto que mantiene mi vida, mi economía, la de mi familia, la de los trabajadores, pero todavía apenas comienza a dar frutos. Cinco años es muy poco y estamos trabajando y esperando que camine por sí solo. Es bastante comprometedor sostener un proyecto que todos los días estás preparando, pero al final decidí hacerlo. Dicen que, entre la fe y el amor, el amor es lo primero, y es el amor lo que no me ha faltado, junto a las ganas de hacer por este proyecto, por mi propia marca y creo que lo vamos a lograr. Nos va a costar quizás un poco más establecernos, quizás se estarán yendo personas a cada rato, pero seguiremos abriendo puertas a los nuevos para tratar de llevar a Rox 950 a un nivel que se auto gestione de alguna manera y para representar no sólo a la marca, también ser referencia de Cuba en otros lugares”.

 ¿Y hacia dónde se dirige?

“Mi límite es el cielo. Yo llevo la empresa dentro de mí y quiero seguir pensando como empresaria, además de como artista. Hay quienes han preferido quedarse solamente en lo segundo, tal vez porque no han sentido la necesidad de expandirse, no les ha interesado, y eso también es muy válido, pero yo decidí asumir los riesgos. Pienso que tienen mucho futuro todas las ideas creativas por las posibilidades que se han estado abriendo ahora mismo en nuestro país y Rox 950 apunta hacia a eso. Ahora mismo el objetivo es trabajar para que el proyecto crezca, sin nunca perder las ganas de compartir y enseñar el oficio. Crecer hasta el punto de ser una empresa sólida, que represente al país en todos lados, que pueda exportar y demostrar que en Cuba también se puede hacer moda”.

¿Te ha sorprendido el nivel de reconocimiento que ha logrado la marca en tan poco tiempo?

“Ha sido algo muy gratificante. La moda es un negocio y una empresa siempre trabaja por resultados. Quizá la clave ha sido hacer un producto que sea llevadero, que no parezca totalmente una fantasía, aunque algunas veces hacemos piezas que rozan o que lo son, pero la intensión es que sean piezas prácticas, cómodas de llevar, sin renunciar a ese sello de sensibilidad y sentimiento que está en la filosofía de la marca. Creo que equilibrando el diseño con lo más llevadero, comercial, se puede lograr tanto dentro como fuera del país un público fiel, estable, que siempre esté esperando algo nuevo, que poco a poco se vaya atreviendo, y que a veces salga de lo básico para llevar algo más arriesgado. En Cuba tengo seguidores desde mis inicios, desde las primeras piezas, y siguen esperando algo nuevo. También ha sido fundamental la colaboración con personalidades de diferente ámbitos, como por ejemplo la música, porque una cantante como Telmaris las lució en un concierto en Nueva York, o se las vieron a Alain Pérez o a Ivette Cepeda, que además de ser una excelente cantante, es una gran amiga”.

Teniendo en cuenta esas proyecciones, ¿cómo es posible sostener ahora una idea que crece constantemente?

“Creo que nada de esto fuera posible sin el proyecto social que también hacemos, que se llama ‘En busca del sol’ y que incluso surgió antes de la marca, a raíz de mi primera colección. A esta le ha brindado una posibilidad de crecer, de enseñar, de autodefenderse de alguna manera, porque lo que hacemos es preparar a jóvenes que se interesen por aprender este oficio con el propósito de que se queden con nosotros y que luego enseñen a otros. Es una escuela que se mantiene viva, produciendo a la vez que están aprendiendo, es un proceso que se intensifica con el ritmo de producción de Rox 950”.

¿Crees que lo que hace Rox 950 u otros orfebres cubanos esté al nivel de lo que se hace mundialmente?

“En ese sentido, sólo te puedes ubicar cuando sales de Cuba, cuando asistes a eventos donde ves lo que hacen los demás en otros lugares. Y muchos cubanos tiene muy buenas ideas, pero le falta la empresa. No basta para salir adelante y triunfar, y crear una marca y convertirla en líder en Cuba o fuera, o las ganas y la creatividad. Y a muchos les falta esa ambición o esa necesidad o esas ganas de crear una empresa, de crear un escuela, o un taller, o líneas de producción. Pero a nivel conceptual la orfebrería en Cuba goza de buena salud”.

¿Cómo visualizas el futuro de esta idea?

“Yo soy una soñadora y tengo grandes problemas con eso, porque para mí no existe el no, ni existe lo imposible, eso lo creamos nosotros mismos. Cuando me hablan del futuro de la marca yo siempre veo un edificio con muchas áreas de producción, con una tienda, con su propia pasarela, produciendo no sólo en Cuba, sino creando franquicias en otros países, exportando más de lo que ya hemos comenzado a hacer a muy pequeña escala; vendiendo online y abriéndonos a la tecnología, a la que ya le he perdido un poco ese miedo que tenía, pues es la única vía de producir más y desgastarnos menos, sin perder el sello de garantía y originalidad que siempre van a llevar nuestras pieza hecha a mano. En una palabra… en ‘Evolución’, que será el nombre de nuestra próxima colección que espero que esté lista para el verano”.

 

Tomado de El Nuevo Día

Comentários no Facebook